Teo, el arquitecto sevillano de bosques comestibles / Teo, the Andalusian architect of food forests
Una entrevista con Teo Rodelas / An interview with Teo Rodelas
Alan: Buenas tardes, Teo. Muchísimas gracias por dedicarnos tu tiempo para explicarnos tu trabajo. Para empezar, nos gustaría conocer tu historia vital. ¿Cómo pasaste de tu formación inicial a interesarte tan profundamente por la restauración de ecosistemas y el mundo de los bosques comestibles?
Teo: Buenos días desde Chile. La verdad es que es una historia que podría ser muy larga, pero trataré de resumirla. Todo nace de mi amor por la naturaleza; fui scout desde niño y siempre estuve muy vinculado a la vida al aire libre y a los bosques. Sin embargo, mi carrera profesional inicial fue la arquitectura, una disciplina que, lamentablemente, en su formación académica suele desligarse del contacto directo con la tierra.
Siempre sentí que me faltaba algo, ese contacto real. La magia de la vida me llevó a cumplir un sueño que tenía desde pequeño: vivir y estar en comunidades indígenas en Latinoamérica. Gracias a la universidad pude viajar y habitar territorios en lugares como Paraguay, observando la naturaleza desde una perspectiva no utilitarista, sino mucho más armónica. Allí vi cómo estas comunidades modificaban su selva para integrar plantas productivas, pero manteniendo el equilibrio, sin actuar como un humano dominador.
Esa experiencia sembró en mí el interés por la ecología y la relación entre el humano y el medio ambiente. Posteriormente, al mudarme a Chile, conocí el concepto de los bosques comestibles y la permacultura. Me di cuenta de que mi formación en arquitectura me daba una perspectiva espacial y de diseño útil, pero necesitaba profundizar en botánica y ecología. Así que ha sido un camino muy autodidacta, de mucha experiencia práctica.

Alan: Es fascinante cómo la observación de las prácticas indígenas rompe con la idea de que el ser humano solo puede destruir. Para quienes no estén familiarizados con el término, ¿podrías explicarnos qué es exactamente un bosque comestible y en qué se diferencia de una huerta tradicional o de un bosque convencional?
Teo: La palabra clave aquí es “bosque”. Aunque en inglés se le llama Forest Garden (jardín bosque), el objetivo principal es imitar la estructura y funcionalidad de un bosque a través del diseño.
La diferencia fundamental con una huerta radica en la sucesión ecológica y los estratos. En una huerta solías pensar en ciclos cortos, pero aquí cambiamos la perspectiva temporal y espacial. Integramos especies anuales (como una acelga), con bianuales, especies de vida media (como una alcachofa de 5 años) y especies de larga vida (como una papaya de 15 años, un melocotón de 20 o un pino piñonero que puede vivir 500 años).
Además, trabajamos con estratos asociados al tamaño y estructura de las plantas. Buscamos una alta biodiversidad y multifuncionalidad. Utilizamos especies “multipropósito”: algunas nos dan alimento, otras alimentan a las aves o insectos (melíferas), otras producen aceites, fibras o madera, y otras sirven para fertilizar el sistema captando nitrógeno o generando biomasa. Visualmente, buscamos esa belleza del bosque, ese aparente desorden que en realidad es un caos perfecto.

Alan: Mencionas una complejidad mayor en cuanto a interacciones. ¿Dirías que el bosque comestible requiere un diseño mucho más complejo que una huerta, aunque luego el mantenimiento sea menor?
Teo: Sí, el nivel de complejidad es mayor porque manejas muchas más especies y sus interacciones en el tiempo. Requiere más conocimiento o asesoramiento. En una huerta, si plantas algo y sale mal, en tres meses corriges. Aquí, gestionas árboles que estarán años contigo. Tienes que pensar mucho en el clima y el suelo específico; un avellano se da bien en Alemania pero no funcionará en Sevilla por la falta de frío.
El diseño es vital para planificarse, pero no es estático. Es muy probable que al segundo año te des cuenta de errores o de especies que mueren, y tengas que replantear estrategias. Es un proceso dinámico, no una receta fija donde plantas y esperas la cosecha.
Alan: Hablemos de casos prácticos. Actualmente gestionas un proyecto familiar cerca de Sevilla. ¿Podrías describirnos el terreno y los desafíos que presenta ese clima?
Teo: Es un terreno familiar de unos 4,000 m² donde conviven nuestras casas con el bosque. Es un espacio multifuncional donde buscamos autosuficiencia, diversidad de frutas, generar biomasa y belleza, además de ser un espacio educativo donde imparto cursos.
El clima de Sevilla es un reto: mediterráneo continental. Tenemos inviernos fríos, pero lo más limitante es el calor extremo, con veranos de 40°C y sequía. El suelo es arcilloso, compactado y calcáreo. La estrategia principal para sobrevivir al verano es el manejo del suelo. Utilizamos “mulch” o cobertura, que puede ser viva (plantas cubre suelos como calabazas o menta) o muerta (paja, cartón, lana de oveja, chips de madera). Aplicamos capas gruesas, de 30 cm o más. Esto es vital para proteger la microbiología del suelo, mantener la humedad de las lluvias de primavera hasta julio y reducir la evaporación.
Alan: ¿Y cómo manejas la selección de especies con ese calor tan intenso?
Teo: Usamos plantas “nodriza” o de soporte. Son especies rústicas de crecimiento rápido que generan sombra para proteger a las más delicadas. Por ejemplo, en Sevilla no puedo poner un aguacate al sol directo porque se quema. Lo planto debajo de una adelfa; con el tiempo, iré podando la adelfa y el aguacate la sobrepasará, ocupando su estrato.
También hay que ser muy cuidadosos con los requerimientos de frío. Especies como cerezos, arándanos o avellanos no funcionan bien allí. En cambio, priorizamos especies subtropicales que aman el calor (guayabas, papayas) y, sobre todo, especies nativas mediterráneas rústicas como higueras, granados y perales, que garantizan la estructura y resistencia del sistema.
Alan: También mencionaste un proyecto en Chile con características muy diferentes.
Teo: Sí, ese fue mi primer bosque comestible, iniciado hace unos 5 o 6 años. Es un entorno más salvaje, mezclado con bosque nativo y con suelo más fértil. Lo interesante de ese caso es que, por circunstancias de la vida, lo “abandoné” durante dos años, dejando solo el riego automatizado. Al volver, pude ver la resiliencia del sistema. Algunas plantas murieron, pero otras prosperaron y se adaptaron sin intervención humana. Fue un experimento involuntario de selección natural y desapego.
Alan: Para la gente que se plantea iniciar un proyecto así, la gran duda suelen ser los recursos. En un terreno de esas dimensiones (4,000 m²), ¿de qué inversión de tiempo y dinero estamos hablando?
Teo: Es muy variable y escalable, pero para darte una referencia: en términos de dinero, el mantenimiento anual puede rondar entre 1,000 y 2,000 euros, reduciéndose con el tiempo. El mayor gasto es al inicio (plantas, sistema de riego, infraestructura).
En cuanto al tiempo, diría que una media de un día a la semana es suficiente. Hay picos de trabajo intenso durante la plantación en invierno, y valles de mera observación en verano. Lo bonito es que tú diseñas también tu nivel de mantenimiento. El humano actúa como un acelerador de la sucesión ecológica: si trabajas más (podas, abonas, riegas), el bosque evoluciona más rápido. Pero si no tienes tiempo y lo dejas estar, el sistema sigue funcionando a su ritmo, como pasó en Chile. La idea es que sea un hobby o una forma de vida, no una carga laboral extra.

Alan: ¿Y qué hay de la producción? Aunque lleve solo dos años el proyecto de Sevilla, ¿ya obtienen alimentos significativos?
Teo: Sí, es sorprendente. Integramos mucha huerta dentro del bosque aprovechando el sol de los primeros años. Tenemos calabazas para todo el año, pimientos, tomates cherry, y frutas como limones y naranjas. La clave es concatenar variedades: plantamos distintos tipos de naranjos para que produzcan de forma escalonada, teniendo fruta desde diciembre hasta abril, por ejemplo.
En un horizonte de 5 años, esperamos ser autosuficientes en fruta. En bosques más maduros, como el de mi mentor en Chile (10 años), el desafío cambia: ya no es cultivar, sino gestionar la abundancia. Tienes tantos excedentes (nueces, melocotones) que entras en dinámicas de conservación, deshidratación y soberanía alimentaria real.
Alan: Para cerrar, Teo, ¿qué consejo le darías a alguien que quiere empezar pero tiene miedo de no saber suficiente o de equivocarse?
Teo: Les diría que pierdan el miedo a plantar. La muerte es parte del proceso; si una planta muere, su biomasa alimenta al suelo y aprendes de ello. No hay recetas perfectas, cada lugar es único.
Una recomendación clave es la observación: mira qué plantaban los ancianos del lugar, qué especies nativas prosperan en tu zona. Esa es tu base segura. Y luego, planta muy denso. A las plantas les gusta estar juntas, cooperan entre ellas (efecto nodriza) más de lo que compiten.
Finalmente, hay que entender esto como un acto de trascendencia. Quizás plantamos árboles cuya sombra o frutos no disfrutaremos en su plenitud, pero estamos dejando un regalo. Nosotros comemos hoy manzanas que alguien plantó hace décadas; es nuestro turno de dejar ese legado para las generaciones futuras.

Alan: Un mensaje inspirador para terminar. Muchísimas gracias, Teo.
Teo: Gracias a ti, un abrazo.
La entrevista completa puede verse en el siguiente enlace:
English translation below
Teo, the Andalusian architect of food forests
Alan: Good afternoon, Teo. Thank you very much for taking the time to explain your work to us. To begin, we would like to learn about your life story. How did you move from your initial background to becoming so deeply interested in ecosystem restoration and edible forests?
Teo: Greetings from Chile. The truth is that it’s a story that could be very long, but I’ll try to summarize it. It all stems from my love for nature; I was a scout as a child and was always closely connected to outdoor life and forests. However, my initial professional career was architecture, a discipline that, unfortunately, in its academic training often disconnects from direct contact with the land.
I always felt something was missing — that real contact. Life’s magic led me to fulfill a childhood dream: living in and being part of Indigenous communities in Latin America. Thanks to university, I was able to travel and inhabit territories in places like Paraguay, observing nature from a non-utilitarian, much more harmonious perspective. There I saw how these communities modified their forest to integrate productive plants while maintaining balance, without acting as dominating humans.
That experience planted in me an interest in ecology and the relationship between humans and the environment. Later, when I moved to Chile, I discovered the concept of edible forests and permaculture. I realized that my architectural training gave me a useful spatial and design perspective, but I needed to deepen my knowledge of botany and ecology. So it has been a largely self-taught path, full of practical experience.
Alan: It is fascinating how observing Indigenous practices breaks with the idea that humans can only destroy. For those unfamiliar with the term, could you explain what exactly an edible forest is and how it differs from a traditional garden or a conventional forest?
Teo: The key word here is ‘forest.’ Although in English it is called a Forest Garden, the main objective is to imitate the structure and functionality of a forest through design.
The fundamental difference from a vegetable garden lies in ecological succession and strata. In a garden, you usually think in short cycles, but here we change the temporal and spatial perspective. We integrate annual species (such as chard), biennials, medium-life species (such as a 5-year artichoke), and long-lived species (such as a 15-year papaya, a 20-year peach tree, or a stone pine that can live 500 years).
In addition, we work with strata associated with plant size and structure. We seek high biodiversity and multifunctionality. We use multipurpose species: some provide food, others feed birds or insects (nectar plants), others produce oils, fibers or timber, and others fertilize the system by capturing nitrogen or generating biomass. Visually, we seek that forest beauty — that apparent disorder which is actually a perfect chaos.
Alan: You mention greater complexity in terms of interactions. Would you say that an edible forest requires a much more complex design than a garden, even if maintenance later is lower?
Teo: Yes, the level of complexity is greater because you manage many more species and their interactions over time. It requires more knowledge or guidance. In a garden, if something fails, you correct it in three months. Here you manage trees that will be with you for years. You must carefully consider climate and soil; a hazelnut tree thrives in Germany but will not work in Seville due to lack of cold hours.
Design is vital for planning, but it is not static. By the second year you will likely notice mistakes or species that die, and you will need to rethink strategies. It is a dynamic process, not a fixed recipe where you plant and wait for harvest.
Alan: Let’s talk about practical cases. You currently manage a family project near Seville. Could you describe the land and the challenges of that climate?
Teo: It is a family plot of about 4,000 m² where our homes coexist with the forest. It is a multifunctional space where we seek self-sufficiency, fruit diversity, biomass generation, beauty, and an educational space where I teach courses.
Seville’s climate is challenging: continental Mediterranean. Winters are cold, but the most limiting factor is extreme heat, with summers reaching 40°C and drought. The soil is clayey, compacted, and calcareous. The main survival strategy for summer is soil management. We use mulch or ground cover, either living (groundcover plants such as pumpkins or mint) or dead (straw, cardboard, sheep wool, wood chips). We apply thick layers of 30 cm or more. This is vital to protect soil microbiology, retain spring rain moisture until July, and reduce evaporation.
Alan: How do you manage species selection with such intense heat?
Teo: We use nurse or support plants. These are hardy, fast-growing species that create shade to protect more delicate plants. For example, in Seville I cannot plant an avocado in direct sun because it burns. I plant it under an oleander; over time I prune the oleander and the avocado surpasses it, occupying its own stratum.
We must also be careful with chill-hour requirements. Species such as cherries, blueberries, or hazelnuts do not work well there. Instead, we prioritize subtropical species that love heat (guavas, papayas) and especially hardy native Mediterranean species such as figs, pomegranates, and pear trees, which ensure structure and resilience.
Alan: You also mentioned a project in Chile with very different characteristics.
Teo: Yes, that was my first edible forest, started 5 or 6 years ago. It is a wilder environment, mixed with native forest and more fertile soil. Interestingly, due to life circumstances, I ‘abandoned’ it for two years, leaving only automated irrigation. When I returned, I saw the system’s resilience. Some plants died, but others thrived and adapted without human intervention. It was an unintentional experiment in natural selection and detachment.
Alan: For those considering starting such a project, resources are often the main concern. On land of this size (4,000 m²), what kind of time and financial investment are we talking about?
Teo: It is very variable and scalable, but as a reference: annual maintenance may range between €1,000 and €2,000, decreasing over time. The biggest cost is at the beginning (plants, irrigation system, infrastructure).
In terms of time, I would say an average of one day per week is sufficient. There are peaks of intense work during winter planting and quieter periods of observation in summer. The beautiful part is that you also design your level of maintenance. Humans act as accelerators of ecological succession: if you work more (prune, fertilize, irrigate), the forest evolves faster. But if you lack time and leave it alone, the system continues functioning at its own pace, as happened in Chile.The idea is that it becomes a hobby or a way of life, not an extra workload.
Alan: What about production? Although the Seville project is only two years old, are you already obtaining significant food?
Teo: Yes, it is surprising. We integrate many vegetables within the forest, taking advantage of the sun in the early years. We have pumpkins for the entire year, peppers, cherry tomatoes, and fruits such as lemons and oranges. The key is to chain varieties: we plant different types of orange trees so they produce in stages, having fruit from December to April, for example.
In a five-year horizon, we expect to be self-sufficient in fruit. In more mature forests, like my mentor’s in Chile (10 years old), the challenge changes: it is no longer about cultivation but managing abundance. You have so many surpluses (nuts, peaches) that you enter into preservation, dehydration, and real food sovereignty dynamics.
Alan: To close, Teo, what advice would you give to someone who wants to start but fears not knowing enough or making mistakes?
Teo: I would tell them to lose the fear of planting. Death is part of the process; if a plant dies, its biomass feeds the soil and you learn from it. There are no perfect recipes — every place is unique.
A key recommendation is observation: look at what elders planted in your area, which native species thrive there. That is your safe foundation. And then plant densely. Plants like to be together; they cooperate (nurse effect) more than they compete.
Finally, understand this as an act of transcendence. Perhaps we plant trees whose shade or fruits we will not fully enjoy, but we are leaving a gift. Today we eat apples planted decades ago by someone else; now it is our turn to leave that legacy for future generations.
Alan: An inspiring message to end with. Thank you very much, Teo.
Teo: Thank you, a big hug.
The full interview can be seen at the following link:


